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Una de cada cinco mujeres sufre dolores durante el sexo, según estudio

"Dolor genitopélvico o trastorno de penetración" es el nombre utilizado en la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, "la biblia" de los psiquiatras estadounidenses, para describir a esta afección que una de cada cinco mujeres experimenta durante el coito. Sin embargo, también aclara que aunque se pueda superar con terapia de pareja este tipo de dolor no es puramente psicológico, refiere El Clarín.

Para tratar la vestibulodinia provocada, caracterizada por un fuerte dolor en la abertura vaginal durante las relaciones sexuales o al insertar tampones, muchas mujeres se aplican lidocaína, una crema anestésica.

“Llamamos vulvodinia o vestibulodinia a la presencia de un dolor intenso, molesto, invalidante, a todo lo que sea tocar o penetrar en la vulva. Son puntos dolorosos específicos en la entrada de la vagina en la zona de la vulva que llamamos vestíbulo. Es un síndrome de sensibilidad extrema. Son cuadros donde interviene una suerte de desregulación del sistema psiconeuroinmunoendocrinológico que hace que aparezcan puntos gatillo de dolor, que se deben a hipersensibilidad de las terminales nerviosas en la entrada de la vulva”, explica a Clarín Sandra Magirena, ginecóloga y sexóloga clínica del Hospital Álvarez.

La novedad es que un estudio reciente, que acaba de ser publicado en la Revista de Consultoría y Psicología Clínica, pudo probar que la terapia cognitivo-conductual (TCC) para parejas es más efectiva que la lidocaína.

Variedad de causas

Las causas de la vestibulodinia provocada aún no se determinaron de manera fehaciente. Existe una amplia y variada lista de factores de riesgo, que incluyen desde causas biomédicas como infecciones repetidas que provocan inflamación en la zona vulvar (cistitis, infecciones vaginales), el uso de ciertos anticonceptivos orales, predisposición genética, hasta problemas de pareja, depresión y ansiedad.

Por otro lado, las anomalías en los músculos del suelo pélvico también se asocian con vestibulodinia provocada, pero aún no se sabe si son consecuencia del dolor o su causa. Del mismo modo, no está claro si la ansiedad es una causa o un resultado, pero sí se descubrió que cuanto mayor es el nivel de ansiedad, mayor es el dolor.

Por todos estos motivos, los investigadores hacen hincapié en no subestimar la aparición de las molestias y el dolor durante las relaciones sexuales, así como no descuidar el factor psicológico.

“No se sabe por qué se produce, pero lo que sí puedo aportar desde la experiencia clínica, de mis 38 años de ejercicio de la ginecología y la sexología, es que se ve muchas veces asociado a situaciones de traumas previos, que pueden estar o no relacionados con sexualidad, sistemas de creencias muy arraigados en la infancia donde sí está la sexualidad comprometida y muchas veces estas mujeres no pueden atravesar el momento del placer y del encuentro sexual porque aparecen estos disparadores que operan desde memorias muy arraigadas y muy antiguas”, afirma Magirena.

En la misma línea Sophie Bergeron, profesora del Departamento de Psicología de la Facultad de Artes y Ciencias, directora del Laboratorio de Salud Sexual de la Universidad de Montreal y autora del trabajo, explica: "Se recomienda la intervención psicológica porque una vez que aparece el dolor tiene un impacto tan negativo en la sexualidad y en la relación que se vuelve muy importante romper el círculo vicioso del miedo y la evitación".

"El dolor a menudo conduce a la pérdida del deseo en las mujeres y a la frustración en ambos socios. Este es un problema real, no es imaginario”, agrega.

Pocos tratamientos validados

En este sentido, psicólogos y sexólogos suelen brindar la opción de realizar terapia de pareja, ya que es un problema que suele abordarse de a dos: en el caso de vestibulodinia provocada, la pareja juega un papel fundamental y puede ayudar tanto a paliar el problema como a agravarlo. Sin embargo, algunas intervenciones no estaban respaldadas previamente por pruebas.

La novedad reside entonces en que, por primera vez, un ensayo clínico en 108 parejas que comparó la eficacia de la combinación de TCC y lidocaína, descubrió que la terapia es más eficaz para reducir el miedo de las mujeres al dolor y la angustia sexual, y ​​para mejorar su experiencia sexual.

Luego de seis meses, las mujeres estaban dos veces más satisfechas con su vida sexual y sus parejas tres veces más satisfechas.

Magirena desaconseja el uso de lidocaína y apoya los tratamientos de este tipo.

“Otra herramienta que yo utilizo mucho para trabajar y que se complementa muy bien con las terapias conductuales y el mindfulness, son las terapias EMDR, de desensibilización a partir de los movimientos oculares. A través de una técnica específica, desensibiliza esos focos que están mal almacenados en los recuerdos, experiencias traumáticas o negativas que quedan guardadas en el archivo de la memoria y que ante determinadas circunstancias reproducen la sintomatología”, destaca la profesional.

Cómo son las sesiones
Para realizar el citado estudio, durante doce semanas, las parejas asistieron a sesiones de terapia de aceptación y compromiso (ACT): "La aceptación significa que, en lugar de intentar que una persona cambie su forma de pensar, la animamos a que la acepte", explica Bergeron.

"Practicamos la defusión cognitiva, una técnica que crea una distancia psicológica entre la persona y sus pensamientos. Al comienzo de la terapia, las mujeres se definen a sí mismas por su dolor genitopélvico. La terapia les ayuda a reducir el agarre que tienen esos pensamientos. También tratamos de romper la asociación sexualidad = dolor, y reemplazarla con nuevas asociaciones, como sexualidad = placer con mi pareja ", detalla la especialista.

Analizar las motivaciones sexuales es otro de los objetivos. ¿Qué tiene la sexualidad que es importante para la pareja? "Tratamos de explorar otros aspectos placenteros", afirma, antes de añadir: "En términos de comportamiento, podemos ayudarlos a expandir su repertorio de actividades sexuales que no causan dolor. Generalmente, lo que es doloroso es la penetración vaginal, así que tratamos de no enfocarnos siempre en eso".

La regulación emocional de la pareja es otra de las dimensiones abordadas. "Cuando uno de los miembros reacciona con ira o frustración a una experiencia dolorosa, solo empeora el problema. Ayudamos a la pareja a manejar su relación emocional. Conseguimos que el miembro de la pareja sea más empático con la experiencia del dolor de la mujer y que la mujer sea más empática con la frustración de su pareja. Les ayudamos a verse a sí mismos como un equipo unido ", analiza.

Según refiere el estudio, al finalizar el tratamiento, las parejas suelen reportar la satisfacción de haber recuperado su sexualidad de una manera placentera, no amenazante, y que el dolor ya no es protagonista.

Fuente: El Clarín

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