Viernes de relato LGBTI: "El abogado de papá" (Relato XXX)

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Hoy es viernes y como aquí en tu Zona Prohibida sabemos que te han gustado los relatos que llevamos publicando toda la semana, hoy traemos uno para complacer a nuestro público de la comunidad LGTBI. Tenemos las mismas recomendaciones: ve a un sitio privado, recuéstate, lee y disfruta.

El relato de hoy fue publicado por el usuario SexyLittleBoy, para el portal erótico Marqueze, y se titula "El abogado de papá".

"Una canción que me era desconocida sonaba en el despertador del estéreo, eran ya las 6:30 a.m., yo aún somnoliento y frotándome los ojos luchaba contra la pereza para abrir los ojos, giré mi cabeza a un lado y contemplé el cuerpo desnudo de Arturo, una sonrisa se apoderó de mi rostro al pensar que al fin había logrado mi objetivo, después de casi tres meses de conquista ese macho «hetero», había caído.

Estiré mi mano y toqué su pecho, bajé mi mano y toqué los músculos de su abdomen recordando el día anterior: su cuerpo encima del mío y sus caderas moviéndose frenéticamente tratando de que sus 17 cm. entraran más dentro de mí, el sudor resbalando por su pecho y cayendo sobre el mío, su semen volando por los aires y aterrizando en mi abdomen.

Arturo despertó miró el reloj, no me saludó, estaba serio, como si no hubiera pasado nada, como si yo no estuviera ahí, se le hacía tarde para su práctica de fútbol, el fútbol era su pasión y la razón de su excelente condición física, se levantó de la cama y se dirigió hacia la ducha, observé por un momento sus redondas nalgas moverse hasta entrar a la habitación, mi verga estaba al palo así que la tomé en mi mano y empecé a subir y a bajar lo más rápido que pude recordando el cuerpo de Arturo.

Llegué al orgasmo derramando mi semen, escuchando el agua de la regadera apagarse. Arturo salió del baño con una toalla en la cintura, yo con la respiración aún agitada lo miré y él a mí, -vístete rápido que ya es tarde, te llevo a tu casa-. Dijo mientras dejó caer la toalla y se puso un bóxer negro y sus pantalones y una camiseta roja.- ¿Puedo darme una ducha?-le pregunté, -puedes hacerlo en tu casa- me respondió secamente.

Terminé de cambiarme, bajamos al primer piso, él delante de mí, nos despedimos de su madre, subimos al coche de su padre y nos dirigimos hacia mi casa. Durante el camino no nos dirigimos la palabra, él tenía la vista fija en el camino yo volteaba a verlo de cuando en cuando, pero él no se inmutó.

Se estacionó en la puerta de mi casa y cuando estaba a punto de abrir la puerta dijo: -espera-. Yo me detuve, pero no volteé a verlo- lo que pasó ayer… no volverá a pasar y no quiero que nos vean juntos en la universidad… yo… espero que no lo sepa nadie-.-no te preocupes seré una tumba-.-Eso espero más por tu bien que por el mío-.

Bajé del auto y él arrancó, entré a mi casa un poco confundido, mi madre me preguntó si había terminado el trabajo, le respondí que sí y me dirigí a mi habitación, me senté sobre mi cama para poder pensar un poco sobre la actitud de Arturo. Quizás se sintió culpable por lo que hicimos, después de todo, era semental en la facultad, me sentí mal por haber estado con él.

Mi padre me llamó, bajé.  Cámbiate rápido que vamos a ir a mi trabajo, yo asentí con la cabeza. A papá se le había metido en la cabeza llevarme seguido a su hospital con la intención de que me gustara su trabajo y desistir de mi decisión de ser ingeniero, para él las únicas carreras que podía elegir era la medicina o el derecho, y aunque yo sabía que eso jamás daría resultado solo lo hacía para complacerlo, sólo que esta vez sería diferente.

Llegamos al hospital, luego entramos a su oficina. Sabía que me daría otro sermón sobre las tradiciones familiares sobre que en su familia había abogados y médicos, por tanto, yo tenía que seguir los mismos pasos. Le repliqué que ya había tomado una decisión y que ella no cambiaría por más presión que pusiera. –Pues ya no te daré más dinero- papá solía darme algo de dinero para mis gastos personales que aunque no era mucho si me eran de ayuda. Pero papá no puedes hacerme esto, es injusto-.-Pues si quieres tomar tu propias decisiones también tendrás que ganar tu propio dinero y para que veas que no soy malo ya te conseguí el trabajo ideal que sólo ocupará la mitad de tu tiempo, -y cuál es ese trabajo le pregunté un poco intrigado.-De asistente.-Claro que no aceptaré papá, no estaré soportando todo el día que me critiques por todo lo que hago.- Papá se echó a reír. -Sabía que dirías eso, pero tranquilo que no vas a ser mi asistente sino el de mi abogado.

Yo conocía a su abogado, el señor Rolando, era un tipo gordo con la piel grasosa, realmente horrible, y me resultaba repulsivo. -No papá, me niego a aceptar, no me gusta ser el asistente de nadie. -No te estoy pidiendo tu opinión es una orden. Papá era igual de terco que yo, así que sabía que era en vano seguir negándome. -Y dónde está el gordito, dije en tono de burla.

-No, ese ya no es mi abogado, al otro todavía no lo conoces, es nuevo, se llama Gerardo, luego te daré su dirección para que vayas a su casa, empiezas mañana- ya me imaginaba al tipo, otro gordo, como con los que trabajan con papá, o algún otro rasgo físico desagradable a la vista.

Al día siguiente en la universidad me topé un par de veces con Arturo, pero no le dije nada, solo traté de ignorarlo. A la salida tomé un autobús para acudir a la cita, tenía la más grande desilusión encima. Miraba las calles, se me hizo corto el camino. Bajé del bus y después de 10 minutos logré llegar a la casa, era grande de color amarillo por fuera. Toqué la puerta esperando ver al supuesto esperpento, después de unos segundos salió una mujer negra con un uniforme azul con blanco supuse seria la empleada, me presenté, ella me dijo que se llamaba Amanda, le dije a que había ido, me hizo pasar, dijo que el señor no se encontraba, pero que no tardaba en llegar.

La espera se haría más larga, yo estaba sentado en medio de la sala, observé unas fotografías sobre una repisa y me acerqué a verlas, en ella se veía a un muchacho muy guapo de cabello castaño y de ojos verdes de unos 18 ó 20 años junto a unas jovencitas muy lindas y una mujer que a lo mejor sería su madre por el parecido físico, Amanda entró a la habitación y cuando me vio junto a las fotos me comentó que eran los hijos de Gerardo: Gabriel, Catalina y Elisa, y su esposa Natalia.

Natalia era una mujer muy hermosa, Amanda se sentó a mi lado para hacerme compañía, yo le pedí que por favor me hablara del señor para irme haciendo una idea de cómo era y ella empezó, pues el señor Gerardo es una maravillosa persona, trabajador aunque a veces reniega por tonterías, pero fuera de eso es una buena persona.

Mientras Natalia seguía describiendo sonó la puerta, alguien estaba entrando. Él entró a la habitación, yo me quedé perplejo. Era el hombre más bello que había visto en mi vida, era más alto que yo, aproximadamente 1.90, cabello negro ondulado y ojos color miel, una barba como de dos días que le hacían ver muy masculino, hombros anchos y un porte de dios griego impresionante. Nos quedamos mirando por unos segundos, sentía algo extraño con su mirada sobre mí, sentía mi corazón latir a mil, creo que me puse rojo como siempre pasa cuando estoy nervioso.

Él se acercó a mí, extendió su mano y con una voz muy varonil dijo: -tú debes ser Jesús, tu padre me ha hablado mucho de ti- después de unos segundos levanté mi mano. -sí, yo soy Jesús -. Los cachetes me ardían, había sido la impresión que me causó verlo, poco a poco me fui calmando. Amanda me trajo un refresco para que me sintiera mejor.-Lo siento te debo una disculpa por mi tardanza, pero me atoré en un embotellamiento terrible…- -No se preocupe, Amanda me hizo compañía mientras lo esperaba. -Bueno entonces pasemos al despacho para comenzar. Yo lo seguí abrió las puertas de la habitación y entramos.

No podía dejar de mirarlo, era hermoso, mi verga estaba reventándome los calzoncillos, le pedí permiso para ir al baño, "estás en tu casa" me dijo. Yo fui casi volando al baño para poder desahogarme, ya en el baño empecé a masturbarme imaginando a ese hombre besándome.

Por mi excitación, solo unos minutos fueron necesarios, eyaculé manchando mi pecho y un poco cayó en mi cara. Me limpié y regresé con Gerardo, así seguimos revisando los documentos.

El miró el reloj, se sorprendió lo tarde que era, se levantó y dijo:-creo que se nos pasó la mano- sonrió, tenía una linda sonrisa. -¿Que te parece si te invito a cenar y luego te llevo a tu casa?, espero que no me rechaces después de todo fue mi culpa-.

Yo acepté sin dudarlo. Se desajustó la corbata y se desabrochó dos botones de la camisa y pude ver la mata de vellos que se escapaban por la abertura de su camisa, otra vez la verga se me puso a mil, pero ya no podía ir de nuevo al baño, pues se haría más tarde para la cena.

Me llevó a un restaurante muy bonito. Mientras esperábamos la cena empezamos una conversación. -Señor mientras lo esperaba vi la foto de sus hijos, luego me di cuenta que no estaban en la casa-.- Primeramente deja de decirme señor, tutéame y dime Gerardo, que me haces sentir viejo. Y pues mis hijos… Mis hijas mayores estudian en el extranjero, y Gabrielito vive con su madre, pero viene a visitarme algunas veces, desde mi separación con Natalia él se distanció mucho de mí, tal vez me odie no lo sé-. Terminó un poco resignado.

Al menos estaba separado, eso estaba a mi favor. Llegó la comida y entre confidencias y confidencias él me preguntó si tenía novia, le contesté que no. - Que raro un chico bien parecido y alegre como tú debería de estar rodeado de muchachitas-. Yo solo sonreí con su cumplido y me puse rojo otra vez. -¿y ust… tú no sales con nadie?-. -No desde mi separación, quedé destrozado y solo me dediqué a mi trabajo.

Terminamos la cena y la conversación. Los siguientes días fueron casi iguales, entre nosotros había surgido una gran amistad, claro que yo lo miraba con otros ojos, una noche que habíamos terminado temprano le propuse que nos quedáramos a cocinar, él aceptó, pero me advirtió que no había cocinado en años.

Decidimos preparar tallarines por ser la comida favorita de Gerardo. Mientras cocinábamos nos lanzábamos pedacitos de zanahoria o algún otro ingrediente, se veía tan hermoso tratando de picar la cebolla. Eso me hizo llorar, pero reí y él también, me di la vuelta para lavarme los ojos y cuando giré, él estaba detrás de mí con las verduras en la mano y lo empujé. -Lo siento-. -No, fue mi culpa-.

Nos agachamos a levantar lo que había caído, estiré mi mano para recoger un tomate y él hizo lo mismo, pero yo llegué antes y su mano quedó sobre la mía, nos miramos, estábamos muy cerca, sentía su respiración sobre mi cara, me perdí en sus ojos, quedé hipnotizado, poco a poco me fui acercando a él, cerré mis ojos y junté mis labios con los suyos, nos besamos, yo abracé su cuello, nuestras lenguas jugaban entre ellas, su aliento a menta me volvía loco, pero de pronto me separó de él. -Esto… fue una mala idea-. Yo lo miré, se levantó dándome la espalda y apoyándose sobre la mesa dijo: -te llevaré a tu casa-.

Subimos al auto, no dijo nada más, la escena me recordó lo que pasó con Arturo, lágrimas rodaban por mi cara, pero no podía dejar que pase lo mismo.- Tal vez debí decirte hace mucho que me gustabas, que yo era gay-. Él detuvo el auto, y se estacionó a un lado del camino, estaba muy oscuro, pero la luz del auto nos alumbraba. Se quedó en silencio un momento. -ya me había dado cuenta de que eras gay, por tu forma de mirarme, pero… ah… no puedo corresponderte-. -También me besaste, eso significa que sientes atracción por mí-. Dije aún llorando.

-Debo admitir que me gustas, pero no podemos, no está bien yo, podría ser tu padre-. -Pero no lo eres-. Mi llanto se incrementó. -Por favor deja de llorar, no quiero verte así-. Dijo agarrándose la cabeza con las manos, volteó a verme y estiró su mano recogiendo una de mis lágrimas.

No sé si su mano estaba fría, o si mi cara estaba ardiendo por el llanto, luego me atrajo hacia su cuerpo abrazándome mi cara quedó contra su pecho, pude sentir su perfume y su olor a macho. -Por favor entiéndeme, no podemos- se escuchaba confundido.

Yo debía aprovechar, levanté la cabeza y nos miramos, otra vez estábamos cerca. El calor de nuestro cuerpos fue más fuerte que su inhibición, me besó y yo le respondí con otro beso, sus manos acariciaban mi espalda, las mías buscaban su pecho, logré desabotonar su camisa, por fin pude tocar la alfombra que tenía en el pecho, toqué sus tetillas, estaban duras debajo de mí, sentí que algo crecía en sus pantalones, dejó de besarme, me asusté, pensé que se había arrepentido.

-¿Estás seguro de que quieres continuar?-. -Nunca había estado más seguro-. Lo besé de nuevo, le quité la camisa, casi no podía ver piel, pero si un abdomen y un pecho duro, estaba cubierto por vellos por todos lados, empezó a acariciarme el culo. -Que rico culito tienes-. Bajé su bragueta y sus calzoncillos, saltó una verga de unos 19 o 20 cm ligeramente curvada hacia su estómago, definitivamente era más grande que la de Arturo.

La metí en mi boca y empecé a chupar, tenía un olor riquísimo y un sabor un poco salado, por el líquido preseminal que tenía, me agarró de los cabellos y guiaba el ritmo. Yo subía y bajaba, mientras su otra mano hurgaba en mi agujerito, trataba de hundir sus dedos, yo me movía.  Comencé a chupar sus peludas bolas, que se habían contraído por la excitación, le daba lengüetazos.

-Creo que mejor pasamos atrás para estar más cómodos- dijo, se terminó de quitar los pantalones, y se sentó en la parte trasera mirando hacia delante, yo terminé de desvestirme y me senté sobre él, intenté clavarme en él, pero no entraba, me dolía mucho. -Ponte en cuatro para lubricarte- dijo con la respiración agitada.

Yo obedecí, el se colocó tras de mí, separó mis nalgas con sus manos, yo giré mi cabeza, lo miré, él estaba mirado mi culo como analizando lo que iba a hacer.

-Creo que me va a dar pena partir tu hoyito, jajajajajaja-. Acercó su cara y comenzó a introducir su lengua haciendo círculos, me estaba llevando al cielo. Yo arqueaba la espalda del placer. Empezó a morder mis nalgas suavemente eso nunca me lo habían hecho y me encantó.

Se levantó y cogiendo la verga entre sus manos, la dirigió en medio de mi raja, yo estaba preparado para que lo metiera, pero él empezó a subir y a bajar, su glande resbalaba por el líquido que botaba en abundancia. -¡Deja de jugar y métela ya!-.

Él rió, puso su verga en mi agujero e hizo presión, logró entrar la cabeza, pero me dolió un poco, empujó más y poco a poco comenzó a entrar, me acariciaba la espalda suavemente, me tomó por la cintura y sin decir nada me jaló hacia él y se introdujo toda de golpe.

-¡Ay! grité, él se detuvo un momento y se pegó a mí, me abrazó, besó mi cuello. Sentí todos sus vellos en mi espalda, me hacía cosquillas con su barba que la pasaba por mi nuca.

Era increíble. Estaba en un auto en medio de la calle, tenía una macho ensartado en el culo y lo mejor, era el hombre que amaba. Gerardo empezó a mover sus caderas lentamente, lo sacaba un poco luego lo volvía a meter cada vez lo sacaba más y lo hundía más.

Yo estaba muy excitado, sentía que mi verga explotaría en cualquier momento, Gerardo movía sus caderas rápidamente y decía cosas obscenas que me excitaban más y más. -Voy a correrme…- dijo, mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas, sentí que la introdujo toda, se pegó a mi cuerpo, su verga se hinchó y su semen caliente refrescó mi adolorido culo.

Gerardo jadeaba con fuerza, yo tomé mi pene entre las manos y me la jalé hasta que me corrí contrayendo mi esfínter, apretando la verga de Gerardo que aún estaba dura.

Poco a poco muestras pijas disminuyeron su tamaño, estábamos exhaustos, pero felices, mientras nos vestíamos oímos el sonido de una patrulla de la policía, nos terminamos de vestir rápidamente y nos ubicamos en nuestros respectivos asientos, el policía tocó la ventana del auto, Gerardo bajó la ventana, era un policía moreno y simpático.

Alumbró a Gerardo con una linterna.- ¿qué hacen aquí?, hace rato que este auto está estacionado y me pareció sospechoso-. -Lo siento oficial, pero mi hijo y yo discutíamos y por eso nos demoramos-. El oficial me alumbró a mí. -¿Eso es cierto muchacho?-.- Cierto oficial-, respondí quedadamente, estaba un poco asustado, tenía miedo de que se diera cuenta del olor a sexo que había en el carro.

-Siendo así solo tengo que decirles que tengan cuidado, por aquí es una zona peligrosa especialmente de noche-.-Gracias oficial-. Gerardo encendió el auto y nos dirigimos hacia mi casa riendo.-Por poco y nos descubre ¿eh?-, dijo aliviado. -Si papá-. dije yo, él rió.

-Fue maravilloso, hace mucho no gozaba tanto-. Y le contesté. -pues tú tampoco estuviste mal, jajaja, era broma fue increíble-. Nos tomamos de la mano hasta llegar a mi casa.

Cuando llegamos, se estacionó cerca, nos miramos y le dije: - tú ¿te arrepientes de lo que hicimos?-. -No, claro que no-. -Yo tampoco-. -Te quiero mucho-. -Te amo. Me ofreció una sonrisa y nos unimos en un beso apasionado. -Déjame tocar tu pecho una vez más antes de irme-. Él se desabrochó la camisa y toqué su pecho peludo sus tetillas.

-Para por favor o no podré detenerme-. -Eso es lo que quiero-, reímos, quité mi mano y cuando salía del auto me pellizcó el trasero y reímos una vez más. Él arrancó, no me lo podía creer, por fin había estado con Gerardo, era el día más feliz de mi vida, entré a mi casa, subí a mi cuarto, me quedé mirando el techo por horas pensando en lo que había pasado. Logré quedarme dormido.

Al día siguiente, en la universidad mientras estaba en una horas libres, estaba dibujando a los deportistas para distraerme un poco, se me acercó Arturo.-Hola-. Me dijo. -Pensé que no querías que nos vieran juntos-. -Eso fue antes-. -Y qué te hizo cambiar de opinión-. -No lo sé, estuve pensando en lo que pasó y…-.- ¿Y?- Pues yo creo que me precipité en decirte esas cosas y ni siquiera sé porqué las dije-. -Si me di cuenta de eso-. -¿Estás enojado? -No, no tengo motivos para estarlo. Tu novia vino a buscarte- le dije, indicándole la dirección en que se encontraba Bárbara, la porrista, era la novia de Arturo. -¡Diablos!, esta conversación no ha terminado, ¿ok? -Si como digas-.

La verdad era que ya no me interesaba Arturo, ni siquiera como amigo aunque eso nunca lo fue. En la salida estaba Gerardo esperándome en la puerta con su auto, yo me emocioné al verlo, me subí al auto y me fui con él".

Continuará...

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